Neoclasicismo
38 obras
Surgido a mediados del siglo XVIII como reacción contra los excesos percibidos del rococó, el neoclasicismo buscó recuperar la gravedad moral y la austeridad estética de la antigüedad clásica. Impulsado por los descubrimientos arqueológicos en Pompeya y Herculano, el movimiento defendió la claridad de líneas, la forma escultórica y la subordinación del color a la composición estructural. Este cambio intelectual reflejó los ideales de la Ilustración, donde las artes visuales servían como vehículo para la virtud cívica y el orden racional, basándose fuertemente en los precedentes de la antigüedad griega y romana.
Un legado de rigor académico y forma.
La trayectoria del movimiento está marcada por la maestría de artistas como Jean-Auguste-Dominique Ingres, cuyas obras The Apotheosis of Homer y Napoleon I on his Imperial Throne ejemplifican el dibujo riguroso y la precisión idealizada fundamentales para el movimiento. Otras figuras, incluyendo a Lemuel Francis Abbott, Jean-Joseph-Xavier Bidauld y Vladimir Borovikovsky, expandieron este vocabulario estilístico a través del retrato y el paisaje, mientras que artistas como Francisco Goya —a pesar de su posterior incursión en el romanticismo— inicialmente se involucraron con estos modos estructurados de representación en obras como Antiochus and Stratonice. Más allá de la influencia inmediata de piezas como Female Nude o A Baby going to Heaven, el neoclasicismo estableció una base formal para la formación académica occidental, y su énfasis en la pureza lineal y la gravedad histórica continuó definiendo los parámetros del arte institucional hasta bien entrado el siglo XIX.